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Mostrando las entradas etiquetadas como Sociedad

Borbones al fin y al cabo

Juan Carlos I, rey de España hasta 2014 y digno miembro de su linaje, se ha quedado sin amigos. Sus vergüenzas fueron durante mucho tiempo un secreto a voces nunca aclarado gracias a la protección que le proporcionaban las élites españolas pero hoy, despojado del aura de impunidad indiscutible que acompañaba al cargo y cada vez más cercado por múltiples escándalos, vemos todos al rey desnudo. No deja de impactar el descaro y la mediocridad con la que se desenvolvía, manejando de continuo centenares de miles de euros en efectivo, entregando al banco suizo su dirección de Zarzuela y realizando personalmente enormes ingresos en el banco en Suiza. Las muy borbonas y millonarias revelaciones y la figura que se pintó de Juan Carlos durante décadas de estratega de gran valentía y visión preclara son demasiado contradictorias como para encajar.  Las excusas serviles de la prensa monárquica complican aún más la situación. Por un lado, tratan de separar la figura pública que con tanto esfuer...

Adultez pospuesta

Tengo 26 años y como la mayor parte de mi generación carezco de proyecto. La larga resaca de la crisis de 2008 en España ya nos apartó del comienzo de nuestra carrera profesional. Con retraso y más mal que bien algunos alargamos nuestros procesos formativos, la mayoría combinándolos con períodos de nini y trabajos puntuales en la economía informal. Muchos nos centramos en vivir porque no había prisa. Ya entraríamos a trabajar cuando mejorase la economía, cuando enontráramos algo de lo nuestro, cuando mereciese la pena. Cuando tienes 18, 19 o 20 años el tiempo parece no pasar. Siempre habrá días para hacer lo procastinado. Siempre parece que habrá tiempo suficiente hasta que llega el día en el que día ves cómo se acercan los 30 sin tener nada en el bolsillo. Por supuesto hay quienes a mi edad sí tienen algo en el bolsillo y se han colocado bien: están quienes se fueron a Alemania, Holanda o Inglaterra y han logrado establecerse; están quienes decidieron preparar oposiciones cuando par...

Normalidad

El coronavirus ha devorado con el paso de los días la normalidad. Eventos inamovibles, calendarios cerrados, compromisos irrompibles; todos volatilizados ante su realidad arrolladora. Encerrados en nuestras casas somos espectadores pasivos de esta tragedia difícil de comprender en su totalidad. Continúa siendo difícil de creer hasta que se sale a la calle. Algunos la viven en sus carnes, como pacientes o sanitarios, y nos dejan sus testimonios. Los vemos a través de nuestras pantallas junto a historias idénticas procedentes de infinidad de países, narradas todas en una soledad abierta a todo el mundo. Combinamos estas píldoras de tragedia con píldoras de escapismo y seguimos esperando. Cada tarde se aplaude a unos trabajadores que no vemos y que luchan contra un mal invisible. Se aplaude en una especie de comunión laica y nos encomendamos al Estado. Entre furiosos y decepcionados seguimos confiando en él, nuestro único escudo frente al mundo. El Estado, la política, la vida; entre...

Irreylevancia

Ayer noche todos teníamos ganas de escuchar las palabras que nuestro rey Felipe VI nos tenía preparadas. El confinamiento impuesto por la epidemia y las noticias contando cómo le salpicaban las corruptelas de su padre consiguieron reunir más audiencia que ningún otro discurso real desde 1992, cuando aún había muchos que se declaraban juancarlistas pero no monárquicos. Hoy día, en cambio, quedan monárquicos pero ningún juancarlista.  Sabíamos perfectamente que el objetivo primero del discurso era arengar y animar a la nación en la lucha contra el virus (sic). Sabíamos perfectamente que en referencia a su padre y las cuentas en el extranjero para sus bien retribuidas comisiones no podíamos esperar más que unas vagas y genéricas alusiones a la necesidad de que la corona sea ejemplo de limpieza y honradez. Y a pesar de todo, a pesar de nuestras más que bajas expectativas, a pesar de que lo sabíamos, quedamos perfectamente decepcionados.  El rey hizo acto de presencia como por...

Confinamiento y pantalla

Y justo cuando parecía que volvíamos a la normalidad vuelve el mundo a ponerse patas arriba. De la noche a la mañana nos encontramos un país entero encerrado en casa, que solo puede salir para lo imprescindible, atrapado frente a las pantallas. Pantallas que reflejan incertidumbre, un collage de incertidumbre construido a partir de cientos de noticias provisionales, deslavazadas, inconexas. A medida que pasen los días se irá ampliando nuestra perspectiva y podremos jugar a adivinar patrones entre la marea de información  hasta que coincidan en lo esencial nuestras interpretaciones. Entonces sabremos donde nos encontramos.  También reflejan miedo todas las pantallas, nuestro miedo nacido de la incertidumbre. El mismo miedo que pidieron no tuviéramos y que ahora quieren enseñarnos a gestionar psicólogos en televisión para luego dejar paso a tertulias, plagadas de todólogos desprestigiados, de opinadores sin talento que llegan donde llegan por su obediencia, por su saber est...