Desde hace años se nos ha lanzado la demagógica idea de que el ecologismo es el capricho de unos pocos. Quieren convencernos de que los ecologistas son un puñado de hippies dispuestos a quitarle a muchos el pan de la mesa a cambio de conservar un paraje natural cualquiera sin valor alguno, solo para que lo disfruten unos pocos senderistas venidos de la ciudad. Agitan este hombre de paja imbuidos de un egoísmo profundo, y de un espíritu desarrollista propio del siglo pasado, ese espíritu que tantas tragedias ecológicas ha alumbrado; desde el Mar de Aral hasta la Sierra Minera de Cartagena. Para defender el uso y abuso que hacen de la tierra insultan y patalean, y meten el miedo en el cuerpo de los que menos tienen. Nada más lejos de la realidad. El patrimonio natural no es solo un valor en sí mismo justificable por su propia belleza que a todos, pobres o ricos, nos encanta contemplar. El patrimonio natural es un capital económico y social que pertenece a todos . Cada vez que se asola un...